El Tiempo: Un Camino sin Retorno
Escucha tu voz interior y crea tu destino
Uno de los aspectos más comunes en los seres humanos, y especialmente en el ámbito de la consulta que ofrezco a través de la conexión con Yo Superior, es la incertidumbre al tomar decisiones importantes. Cuando nos encontramos en una encrucijada, buscamos respuestas que nos den seguridad: queremos elegir el camino correcto, aquel que nos acerque a una vida más plena y alineada con nuestro propósito. Nos preguntamos si estamos tomando la mejor decisión, si es el momento adecuado o si deberíamos esperar un poco más.
En estos momentos, la guía de Yo Superior se vuelve invaluable, pues nos ofrece una perspectiva más amplia, basada en aquello que nuestra alma vino a aprender en esta vida. Yo Superior nunca impone, pero sí orienta, mostrándonos la mejor opción para nuestro crecimiento y evolución. Sin embargo, por más clara que sea la respuesta, la verdadera decisión siempre recae en nosotros.
Con frecuencia, observo cómo el miedo, los apegos y las heridas del pasado se interponen en el camino, impidiendo que la persona tome esa decisión cuando la oportunidad se presenta. Esperamos el momento ideal donde estemos preparados, pero la realidad es que nunca estamos completamente listos para un cambio profundo en la vida. El momento adecuado suele llegar antes de que nos sintamos cómodos, y es ahí donde muchos titubean y dejan pasar aquello que su alma les puso en el camino.
Con el tiempo, he vuelto a encontrarme con muchas de esas personas a quienes, años atrás, su yo superior les aconsejaba actuar, dar un cambio importante, aventurarse y perseguir sus sueños. Sin embargo, simplemente dejaron pasar la oportunidad porque el peso de la costumbre y la aparente seguridad fue más fuerte que el deseo de transformar su vida. Hoy, al recordarlo, me dicen frases como "no era el destino", "quizás tenía que ser así" o "en otra vida será". Y aunque estas palabras pueden servir como consuelo, muchas veces son solo una justificación por no haber tomado la decisión cuando la vida les ofreció la oportunidad.
La vida nos da oportunidades que tienen su propio tiempo y espacio; si las dejamos pasar, no siempre vuelven de la misma manera. A veces creemos que podemos esperar, que podremos hacerlo más adelante, pero no consideramos que el entorno cambia, que nosotros cambiamos y que lo que hoy es posible, mañana podría no serlo. En muchas ocasiones, ese momento que dejamos escapar nos habría llevado a un crecimiento profundo y a una vida más alineada con nuestro verdadero ser, pero el miedo nos paraliza y terminamos eligiendo lo conocido, aunque no nos haga felices.
Es natural sentir miedo cuando nos enfrentamos a decisiones importantes. La incertidumbre nos hace dudar, y la mente empieza a llenarse de preguntas: ¿y si me equivoco?, ¿y si pierdo lo que tengo?, ¿y si no soy capaz? Pero la verdadera pregunta debería ser: ¿y si todo sale bien?, ¿y si ese salto al vacío me lleva a una vida que jamás imaginé pero que siempre soñé? En el fondo, el miedo no es más que una señal de que estamos en el umbral de algo grande, algo que nos transformará.
Para vencer esos miedos que nos paralizan, hay que mirar más allá de la incomodidad del presente y proyectarnos en el futuro. Imagínate a ti mismo dentro de cinco años: ¿dónde estarás si tomas esa decisión? ¿Y dónde estarás si no la tomas? Observa las diferentes versiones de ti mismo según el camino que elijas y pregúntate cuál de esas versiones te hará sentir más orgulloso, más alineado con quien realmente eres. A veces, solo al mirar con distancia podemos ver con claridad cuál es la decisión correcta.
También es importante recordar que la vida no nos presenta oportunidades por casualidad. Si algo ha llegado a ti, es porque estás preparado para ello, aunque no lo sientas así. La preparación no es ausencia de miedo, sino disposición a actuar a pesar de él. Cuando aprendemos a confiar en el proceso de la vida, en nuestra intuición y en la guía de nuestro yo superior, descubrimos que el universo nos apoya en cada paso que damos.
Además, la autocompasión y la resiliencia juegan un papel esencial cuando enfrentamos decisiones importantes. El proceso de autoaceptación y perdón —hacia uno mismo y hacia los errores del pasado— se vuelve fundamental para liberarnos de los apegos y de la culpa. Esta perspectiva invita a ver los errores o la demora en la toma de decisiones no como un fracaso, sino como una experiencia de aprendizaje que, aunque dolorosa, contribuye a nuestro crecimiento personal.
Por último, es crucial recordar que cada momento es irrepetible. Aunque la duda y el temor sean naturales, asumir la responsabilidad de nuestras decisiones —o la falta de ellas— es el primer paso para transformar nuestro destino. Esta visión, en la que el cambio se concibe no como una ruptura abrupta, sino como un proceso continuo y enriquecedor, refuerza el mensaje de que el poder de decidir está en nuestras manos y que cada decisión, o la falta de acción, marca el camino de nuestra evolución.
Tomar decisiones importantes no es fácil, pero lo verdaderamente difícil es vivir con el peso de lo que no nos atrevimos a hacer. Asumir la responsabilidad de nuestras elecciones nos da poder sobre nuestra vida. A veces, miramos atrás con dudas o incertidumbre, preguntándonos qué habría pasado si hubiéramos elegido distinto. Pero lo cierto es que cada decisión, tomada o no, nos ha traído hasta aquí, y lo que realmente importa es cómo seguimos adelante.
Y lo más importante: aprender a aceptar cada paso sin lamentar lo que elegimos ni lo que dejamos pasar, porque incluso la falta de acción es una decisión que define nuestro camino. La pregunta es: ¿quieres quedarte ahí o atreverte a vivir la vida que realmente deseas?
Atrévete a elegir. Atrévete a actuar. La vida no espera, y cada día es una nueva oportunidad para cambiar tu destino.